Practica COOP- Shadowing Veterinary Doctor
En rumbo a ser Doctora de Medicina Veterinaria
Reflexion Final
Al mirar hacia atrás sobre esta práctica, puedo decir con certeza que lo que aprendí fue mucho más allá de lo técnico. Entré buscar horas clínicas y una base sólida para mi carrera salí con una comprensión mucho más profunda de lo que realmente significa ejercer esta profesión.
Tuve experiencias muy difíciles, pero también formativas. Una de aquellas que se quedo conmigo fue presenciar eutanasias. Nada en el salón de clases te prepara para ese momento. Tener que sostener tu propia compostura mientras acompañas a una familia en el momento más doloroso con su compañero es un trabajo muy fuerte. Aprendí que el manejo del dolor es de las destreza que mas se cultivara con el tiempo dentro del campo, y que la empatía es una herramienta esencial del oficio. Esa lección se volvió personal cuando, durante este mismo periodo, tuve que enfrentar la noticia de que mi propia labradora fue diagnosticada con cáncer. Verla pasar por quimioterapia, con los altibajos que eso conlleva, y hoy verla evolucionar bien, me dejo saber que el campo realmente lleva a cabo milagros. Entendí desde el otro lado de la mesa lo que sienten los dueños que llegan a la clínica angustiados, buscando respuestas y esperanza. Esa experiencia confirmó mi vocación por completo.
También fue reveladora la realidad económica que observé en muchos de los casos. Vi una y otra vez cómo los diagnósticos y tratamientos tenían que acoplarse a lo que el dueño podía costear, lo cual me enseñó que la medicina veterinaria en Puerto Rico exige creatividad, priorización clínica y una comunicación honesta con el cliente sobre las opciones disponibles. No siempre existe el "tratamiento ideal" según el libro de texto. Pero si existe el mejor tratamiento posible dentro de los recursos reales de cada familia. Esta lección refuerza directamente una de mis metas el cual era aprender a ofrecer soluciones efectivas y compasivas incluso cuando los recursos son limitados.
Por ultimo, otro aprendizaje importante fue entender el peso que tienen las técnicas veterinarias en el funcionamiento diario de una clínica. Gran parte del trabajo que sostiene la operación (desde la sujeción de los pacientes hasta la toma de muestras y el monitoreo postoperatorio) recae en completamente en ellas. Fue además notable ver que todo ese equipo, desde las doctoras hasta las supervisoras y las técnicas, estaba compuesto por mujeres. Fue inspirador ver un ambiente de trabajo liderado y sostenido por mujeres en todos los niveles.
En conjunto, esta práctica no solo fortaleció mis destrezas clínicas y mi entendimiento del funcionamiento administrativo de una clínica, sino que también me confrontó con las dimensiones emocionales y humanas de la profesión que había subestimado. Hoy entiendo que ser veterinario no es solo diagnosticar y tratar animales, sino también sostener a las personas que los aman, adaptarse a las realidades de cada comunidad, y liderar con empatía. Esta experiencia reafirmó mi vocación y me dio una base mucho más completa para continuar hacia la escuela de medicina veterinaria.
